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        2009/07/18

Travesía Colón: 2009/07/18

Colón - San Javier - Juanicó - Ñandubaizal - Gualeguaychú

Ecosistema, aguas internacionales y tensiones sociales

Texto y redacción: Diego Villafañe Estadísticas, correcciones y georeferenciación: Roberto Milano Objetivos centrales de la travesía:

- Disfrutar siempre desde una concepción holística 1 la navegación por este sector del Río Uruguay, límite internacional entre Argentina y Uruguay, que nace en la Sierra Geral, en territorio de Brasil, junto con el río Paraná y sus afluentes, forma la cuenca del Plata y el estuario Río de la Plata.

- Explorar y registrar el estado de conservación de este espacio geográfico de la región, configurado por varias poblaciones rivereñas y las numerosas, boscosas y grandes islas, que se reparten entre la administración de los dos países, de acuerdo al ?tra tado del río Uruguay? de 1961, en el cual se trazó como límite el canal principal del río.

- Conocer el impacto, en la población autóctona rivereña, del importante conflicto que mantienen Argentina y Uruguay debido a la instalación de dos grandes fábricas de producción de pasta de celulosa (Botnia) en territorio uruguayo, sobre las aguas in ternacionales del Río Uruguay, en las proximidades de las poblaciones de Fray Bentos (Uruguay) y Gualeguaychú (Argentina). Actualmente, y tras la demanda presentada por Argentina, la cuestión fue sometida a la resolución del Tribunal Internacional de Justicia.

- Navegar en inverno, con pronóstico de mal tiempo y temperatura entre -2° y 14°.

Tiempo previsto: cinco días de julio de 2009. Acordamos, en función de las horas de luz invernales, que navegaremos hasta las 17 horas como máximo, para tener margen en el armado del campamento. Campamento base: Colón, locación de Fernando Mediña, nuestro guía y baquero experto de este tramo del río Uruguay. Distancia total aproximada a recorrer: 140/150 kilómetros. Recursos tecnológicos: fotografías satelitales: NASA, CONAE y LANDSAT 7, geo-referenciadas en los dos GPS (navegadores satelitales Garmin: Map60CSx y III Plus). Unidad meteorológica con predicción pa ra 12 horas. Anemómetro portátil. Brújula y compás de navegación. Telefonía celular (utilizable sólo en el 50% del trayecto). Pronóstico meteo rológico satelital (www.windguru.com / www.weatherchannel.com). Participantes, procedencia y embarcación utilizada:

Fernando Mediña, de Colón, SDK Yamana III Roberto Milano de Villa María, SDK Neko II Diego Villafañe de Villa María, Drakkar 510

Cuando hablamos de una experiencia de este tipo nos referimos no sólo a disfrutar de la navegación sin empleo de elementos ajenos a la fuerza humana para lograr el desplazamiento, sino también a los factores relacionados a la planificación previa de todas las posibles variables que se pueden encontrar, pensando estrategias que permitan desenvolvernos en esta empresa con seguridad y previsión; lo que permitirá finalmente di fundir los datos recogidos, implementando los instrumentos a nuestro alcance para obtener un mayor conocimiento de la realidad del ecosistema que visitaremos.

Jornada I: Colón - Paso Vera

Viento sur y olas fuera de serie. Una espléndida mañana invernal nos recibe para comenzar la travesía, temperatura de 12°, escaso viento NE y el amigo sol jugando a las escondidas entre débiles nubes, por suerte se cansa rápidamente y se deja ver en plenitud. Botamos los pesados kayaks cargados compactamente hasta el último intersticio, a fin de proveernos de los elementos necesarios para afrontar los cinco días de travesía si ningún tipo de asistencia. Acordamos que es necesario efectuar un buen tramo inicial ya que el pronóstico cibernético indica viento sur intenso a partir de mediodía. Fernando nos comenta que ayer le habló por teléfono Juan Pablo, amigo personal y destacado palista local (Concepción del Uruguay) el cual organiza travesías en kayak por esta región y está acampando (con dos palistas femeninas que lo han contratado) en la playa noroeste de la Isla San Francisco, antes de llegar al puente internacional Colón ? Paysandú. Apenas salimos cruzamos un par de barcas naufragadas ganadas a los óxidos, en las que se lee la clásica gráfica que abunda en la región: ?fuera Botnia? y la varias veces repetida ?contaminación?. Pasamos por la isla a las 10:30 horas y ya no hay señales de Juan Pablo, seguramente han salido más temprano y seguido su derrotero por los canales interiores de la rivera argentina. Esperamos ubicarlo más adelante. Siguiendo con el derrotero, llegamos al puente internacional y aprovecho las buenas condiciones (olas muy pequeñas y poco movidas) para pasar entre las columnas de acero que salen debajo del disco de cemento de uno de los pilotes principales, la corriente es muy suave, apenas se percibe, es una de las características de este tramo del río, el escaso declive y por ende la baja velocidad de la corriente, que evidentemente poco nos ayudará. Hacemos unas buenas fotos de una gran garza mora que saluda nuestra llegada, pasamos las boyas demarcatorias del canal principal y cruzamos hacia el puerto de Paysandú (Uruguay). Poco movimiento en el puerto, sólo un par de pequeños barcos aparentemente inmóviles desde hace bastante tiempo, también está la lancha de Prefectura. Nos reagrupamos y seguimos marcha hacia la próxima playa para el almuerzo. En este trayecto nos encontramos con uno de los lanchones areneros que ha quedado atascado en un banco, se lo observa muy cargado, con la línea de flotación al límite, de acuerdo al guía son comunes estos atascos, sacar arena para comercializarla y de paso dragan el canal. Fotos y seguimos viaje. Mientras degustamos sandwiches caseros en una excelente playa isleña de arena muy fina, advertimos que el viento ha rotado al sur y ha comenzado a incrementar paulatinamente su intensidad. Deliberamos sobre el derrotero, si cruzamos hacia al lado argentino tendremos reparo hasta arribar a la zona del campamento I, en la Isla Cambacuá, frente al puerto de la ciudad de Concepción (Argentina). Fernando insiste en que continuemos por la costa uruguaya hasta Casas Blancas, lugar de frigoríficos y bellas residencias particulares, para posteriormente cruzar a Concepción. Creo que será duro, pero es lo que recomienda el guía local, adelante. En los últimos dos kilómetros antes de Casas Blancas el viento comienza a mostrar su s intenciones, estamos al semireparo de la Isla Pelada, donde el viento en contra con olas de menos de un metro le van poniendo ?pimienta? a la jornada. Por suerte el sol está a pleno y ayuda, a pesar de que la térmica no supera los 10°. Nos refugiamos detrás del muelle de Casas Blancas para relajarnos e ingerir energéticos, antes de bajar hasta la extensa cancha en la que haremos el cruce, mmmhh, ¡qué alto que se ve oleaje en la mitad del río!, quizás debamos esperar un rato a que descienda la intensidad del viento. Saludamos a un par de pescadores, mientras, avanzamos soldados a la costa uruguaya buscando el escaso reparo.

Fernando comenta: - Sigamos por esta costa hasta el arenal frente a Paso Vera, para tomar una decisión sobre el cruce? El arenal no aparece, sólo bosque muy cerrado y enmarañado; ya estamos cerca de las 16:30 horas, pregunto si no podemos quedarnos en estas costas, Fernando insiste en que es necesario cruzar sí o sí, serán unos 3 km intensos. Roberto hace la punta y lo seguimos. Impresiona el nivel del oleaje, las más grandes llegan claramentea 1,80 metros, pero están muy ordenadas y con buena separación, lo que permite predecirlas con relativa seguridad; las tomamos en 45° (diagonal), apuntando a las extensas playas de la Reserva de Paso Vera, a unos 4 km río arriba de Concepción. Si bien se hace duro el cruce por la intensidad del viento (algunos km/h más y hubiera sido un gran problema) y del frío, la adrenalina motoriza el espíritu soportando dos o tres que nos rompen encima y nos mojan íntegramente, pero estamos bien equipados para aguantar el frío, desde manos a pies. Echo de menos no tener atado el remo al bote, como lo ha efectuado Roberto, tener una mala maniobra y perderlo sería catastrófico, ¡el agua está helada! En unos 45 minutos de plena concentración para no perder la cadencia del oleaje, llego al arenal, Roberto viene a los pocos metros y a lo lejos se ve a Fernando pegado a la costa luchando por avanzar con su nuevo, fino y artesanal remo Groenlandés (simpáticamente bautizado ?palito de helado?), luego nos comenta de las pocas posibilidades para realizar el apoyo lateral con tan escasa superficie. Nos preguntamos cuáles serán sus verdadera s ventajas, ya que la velocidad propia de la travesía no son sus fuertes. Mañana se lo pediremos para probarlo. Si bien, como le mencioné a Roberto, pude ver a Fernando por unos momentos a lo lejos, luego desapareció de nuestra vista, ¿habré tenido una alucinación? Por suerte no, si bien nos preocupamos al no verlo, había recalado en la costa para descansar de la viva tirada, recordamos que aún no está recuperado totalmente de una lesión en el hombro. Roberto va caminado por la playa para ver si se encuentra bien, mientras arrastro mi bote hasta el monte buscando el refugio del viento, el tiempo no da para más, aquí será el Campamento I, a 5 km del destino inicial. Ya llegan los compañeros. Luego de más de 6 horas en el agua, hemos recorrido poco más de 29 km, con sólo 5 km/h de promedio (condiciones no favorables), damos así la jornada de remo finalizada. Terminamos el acarreo de las embarcaciones, reponemos energías, ropa seca, armamos campamento y listos para comenzar a preparar el fuego y la cena. A la media hora, mientras juntamos la leña y apreciamos mucha basura generada por humanos (lamentable para ser una reserva), vemos dos kayaks que pasan junto a la costa rumbo a Concepción, es Juan Pablo y sus mujeres exploradoras, que siguen hasta la ciudad, ya que va terminando su travesía. Charlamos unos minutos con Juan Pablo, promete regresar por la noche para disfrutar de la charla y del asado, nos pregunta si necesitamos algo, estamos completos; pero: ¿vendrá por agua o tierra? Efectivamente, luego de despedir a sus clientes capitalinas, llegó al lugar en su camioneta 4x4. Juntos saboreamos las ricas proteínas (sopa, carne asada y salamines con queso).

Excelente compañía con la que discutimos el recorrido y las mejores chances de navegación; así como la infaltable charla sobre botes y la experticia de los navegantes. Nos comenta que se irá a vivir con su familia a El Bolsón, para efectuar esta misma actividad de travesías por el Lago Puelo, ojalá podamos visitarlo en el futuro. A los postres, cerca de las 22:50 horas, mis compañeros ya han recibido los informes meteorológicos de rigor , con sultados por sus damas. A esta hora, también se añora el calor de la chimenea hogareña, la temperatura ha descendido a 02°C, hora de despedirnos de Juan Pablo y descansar para emprender la segunda jornada, que tendrá un anexo de 6 kilómetros, los que hoy no pudimos completar, somos optimistas ya que la meteorología es favorable, se anticipa como el más amigable de los días venideros, veremos si se cumple.

Jornada II. Paso Vera - San Javier - Isla San Genaro

Coletazos sociales del conflicto internacional. A las nueve, luego de un reparador descanso, el ambiente está fresco, dentro del iglú la térmica llegó a 0° y las prendas técnicas funcionaron a la perfección (bolsa y primera piel interior), afuera el vestigio de la fuerte helada. se marca sobre los equipos; pero el clima se presenta excelente, el sol baña la suave playa, ideal para desayunar contemplando el extenso canal principal. Un barco arenero gruñe a la distancia y un espartano bote pescador se recuesta en la costa, son los únicos movimientos humanos. Un buen desayuno caliente y a estibar todo el equipo, tarea que nos está insumiendo aproximadamente dos horas. Seguramente podremos bajar este tiempo sistematizando algunos pasos, serán necesarios en el cuarto día, el más extenso de los programados. Cuando han pasado sólo minutos para las 11 horas nos hacemos al río, la remada inicial va con escaso torque y cadencia media, para calentar bien los músculos, tensionados por el duro corte de ayer en la cancha de Paso Vera. Cruzamos sin detenernos frente al puerto de Concepción y la Isla Cambacuá. Pronto hacemos un stop en la espectacular duna del ingreso al arroyo Negro, hay que hacer una parada fisiológica. Lindo día, casi sin viento y buena temperatura (registramos una máxima de 15°C). Siempre con la escolta de la cerrada selva rivereña y con la presencia de pocas aves acuáticas, cruzamos dos largas canchas, transitando por las boyas principales aprovechando los escasos 1,5 km/h extras que nos da el canal principal. En estos kilómetros mantenemos el mismo ritmo, Fernando sigue insistiendo con el palito de helado, parece que por el momento lo lleva bien, cuando frente a nosotros se muestra raudamente un flexible ejemplar de lobito de río (nutria) que se sumerge ágilmente, aún no nos ha visto. Fernando nos alerta que estemos atentos, que saldrá a la superficie nuevamente? avanzamos lentamente sin hacer el menor ruido y con la cámaras listas, ¡salió a estribor a menos de 10 metros!, excelente, pero sólo nos dio para un furtivo disparo digital, parece que algo salió, fantástico, buena cosecha. El destino de hoy será la localidad uruguaya de San Javier, ya que hemos sido invitados, por intermedio de Fernando, por la promotora oriental Nelly Chulac, a visitar los Esteros de Farrapos, extenso humedal reconocido como sitio Ramsar, igual que Ansenuza. Además, podemos aprovechar para visitar la plaza principal en la que se exhiben originales esculturas de las tradicionales muñecas rusas o mamushkas, que originalmente están consideradas como juguetes infantiles. Según la ?leyenda? son portadoras de la buena suerte y representan deseos. Estas obras en San Javier, han sido realizadas por los inmigrantes europeos que se asentaron hace décadas en la región. Aún faltan casi 16 kilómetros, apretamos un poco la marcha antes de detenernos a almorzar. Fernando se ha retrasado un poco, aprovecho para efectuar algunas tomas, especialmente las deun bello martín pescador que de rama en rama nos va guiando hacia la única playa de arena en kilómetros, excelente lugar para degustar las las empanadas árabes que ha hecho Sandra, el sponsor oficial de Roberto. Le pregunto a Fernando como anda del hombro: - Y? ahí anda, bien despacito va a aguantar? No sólo que va a aguantar, sino que tiene que aguantar hasta el final de la travesía? Otra vez en marcha, nos falta poco más de 8 km para San Javier, todo se mantiene tranquilo, buen día. Cuatro kilómetros antes pasamos por el coqueto camping o balneario del pueblo, excelente para pernoctar, pero está algo lejos de nuestro destino en la urbe. Respecto a este lugar, Juan Pablo nos comentó que en unos de sus viajes en compañía del Abuelo Basombrío, armó campamento aquí y tuvo algunas diferencias con el encargado local de la prefectura uruguaya, esperemos correr mejor suerte ya que hemos sido invitados por un local. Aproximadamente a las 16 horas llegamos al primitivo embarcadero del pueblo, dos o tres curiosos nos ven (uno en una camioneta 4x4) y se alejan hacia unas construcciones de dos plantas. Intento ingresar por el canal pero mis compañeros dicen que hay que amarrar aquí y buscar a la Chulac, ya que ésta, en uno de los mail textualmente aclaró: "el lugar de llegada, será el Puerto de San Javier. Ahí estaremos nosotros para recibirlos y luego los guiaríamos hasta los Esteros. Espero que el tiempo nos acompañe. Nelly."

Todavía estoy en el agua y regreso donde están desembarcando mis compañeros, escucho un silbato, no le llevo el apunte y suena nuevamente, hago señas de que voy a amarrar, ya Roberto y Fernando están fuera del agua hablando con el de prefectura, está vestido de militar, todo azul, está armado, con ropa y calzados muy deteriorados, se nota la falta de presupuesto. Al advertir que somos argentinos, automáticamente su actitud se vuelve hostil, reclama el despacho de aduana y el rol de navegación, entre otra papelería clásica de los buques mercantes. Aclara que estamos en infracción del código? Mientras, Fernando insiste y repite varias veces que hemos sido invitados por Chulac, ausente en el lugar; la conoce, pero parece importarle muy poco. Es como un diálogo de sordos, nos pide los datos de cada uno, pregunta hasta lo irracional, quizás la cosa está mejorando. Bajo del bote y le doy mis antecedentes, llena la pequeña libreta, comentando siempre con gesto adusto y de pocos amigos: - Bueno ahora me tienen que dar sus libretas (documentos) y acompañarme hasta la jefatura (edificio de Prefectura local), tengo que reportarlos a Fray Bentos, los kayak no pueden navegar por Uruguay sin autorización? hay que deportar las embarcaciones? No puedo contener tanta dosis de estupidez, este tipo está totalmente loco? Me marcho, chau? Fernando sigue charlando con Pavón o Falcón (no lo recuerdo bien) y nombrando a Chulac, que no apareció en ningún momento, como lo había prometido. Finalmente lo convence de que nos marcharemos inmediatamente al otro lado del canal a tierra argentina, no queremos generarle un problema a él ni a Chulac. A todo esto estamos rodeados de patéticos y sospechosos ciudadanos orientales que están velando el escenario, atentos a la situación, como agazapados para actuar, actitud corporal que los delata. Una fea situación. Es notable como se han resentido las relaciones sociales entre los pobladores, en estos tiempos globalizados se pueden efectuar múltiples lecturas que intenten explicar y comprender la problemática que ha generado el enfrentamiento, desde la explosión de fanatismos loca les manipulados, pasando por la existencia de brechas generacionales en la apreciación del conflicto, hasta llegar a la triste evidencia de la dificultad creciente para la transformación de la sociedad en un sentido solidario y humanista, conflicto ambiental y racionalismo cavernícol a militar mediante. La argumentación del lado uruguayo es simple y concreta, cómo se atreven los argentinos a denunciar una posible contaminación del río si ellos tienen casi todos sus cauces contaminados, para muestra sobran: Río de la Plata, Paraná, Carcarañá, Ctalamochita, Dulce oPetri, sólo para nombrar los que recorremos. Además, Botnia les dará en teoría muchos puestos de trabajo, en una sociedad castigada por la pobreza y las necesidades insatisfechas. Pero sí, que se pierdan Farrapos y las mamushkas? A toda velocidad para no contaminarnos con tanta insensatez, cruzamos el canal y comenzamos la búsqueda de un lugar adecuando para el acampe, estamos jugados, son cerca de las 16:30 horas y del lado argentino, isla San Genaro, es todo monte y selva cerrada. Fernando no se muestra muy optimista, no recuerda haber visto un lugar adecuando en muchos kilómetros a la redonda. Según su entender deberemos navegar hasta Puerto Campichuelo, a más de 18 kilómetros, un bajón. Me pego ala costa siguiendo el trayecto de un curioso y colorido martín pescador, ojalá que nos guíe como el de la mañana, hasta la playa perfecta. La propuesta parece difícil, el sol está cayendo, hemos avanzado casi 7 km desde San Javier y sólo se ven buenas playas del lado uruguayo, para allí decididamente no iremos. Mis compañeros ahora navegan por el centro del canal registrando el número de las boyas para leer luego la cartade navegación. Mientras sigo buscando, hasta que pierdo el derrotero del veloz pescador volante? pero encuentro una playa escondida en el follaje que se abre hacia el interior, una verdadera joya en medio de tanta espesura boscosa. Llamo a mis colegas y desembarcamos, hay muchas huellas de animales salvajes, parece una especie de bajada hacia el agua, podemos distinguir de aguará, zorro, carpincho, nutria y otras demasiado grandes que no queremos pensar mucho de qué especie se trata. El lugar es ideal, Fernando está contento con el hallazgo, además está limpio, hay un micro clima fantástico debajo de los altos y tupidos árboles, lo que garantizará una temperatura controlada, sin heladas.

Ropa seca, repuestos los fluidos y el campamento armado, con las últimas luces juntamos leña y armamos la fogata, esta noche arroz en la olla negra (chata) con guiso de lentejas y queso rallado, de postre bombones de chocolate, un lujo total en medio de la selva. Antes de entregarnos al solicitado descanso, hacemos un balance de la jornada, el fracaso de desembarco en San Javier permitió avanzar un poco en el derrotero, serán menos kilómetros para mañana. Hoy recorrimos casi 35 kilómetros, a 6 km/h de promedio, teniendo en cuenta también el tiempo empleado en las paradas, lo que sumó 6 horas y 14 minutos de río. Ah, pero no hay señal de celular, ¿podrán dormir tranquilos mis compañeros sin enviar el parte diario? La respuesta no se deja esperar, a los escasos minutos de ingresar a su tienda, Fernando ya ha encendido la carpintería entera, ¡qué manera de serruchar!

Jornada III. San Genaro ? Isla Juanicó

Viento, lluvia, exploración, historia y sorpresas autóctonas. Abrigados por la selva (temperatura mínima de 9°), nos colgamos con el sueño, ¡ya son las 09:40 horas!, nos levantamos con la ropa de navegar, está todo nublado, pinta un día gris y con poca amplitud térmica. Tomamos algo caliente, hidratos extras. Con rapidez desarmamos el campamento y cargamos los botes, ahora tenemos un os centímetros más de espacios, es lo comido. Nos ponemos en marcha, Fernando ha cambiado la pala, está usando la clásica de travesía que Roberto trajo de repuesto, por ahora va con buena velocidad y comenta no sentir mayores problemas con el hombro, lo iremos chequeando en el recorrido. El destino de hoy será la famosa Isla Juanicó, lejos la más nombrada en la región, en la cual se encuentra la Escuela República Argentina y vestigios históricos de tiempos en que el discurso articulado por el poder reflotaba el concepto de soberanía como movilizadora de las fuerzas sociales dominantes (Proceso de Reorganización Nacional). Durante los primeros kilómetros tenemos la ayuda de una suave brisa del NE, que en un par de horas ha rotado a los 180/160° sur, sureste (en contra). Aprovechamos el cruce de algunas canchas para medir las diferencias de velocidad entre viajar por el centro del canal o pegado a la costa, la diferencia es escasa, entre 0,40 y 0,80 km/h. Lo notable es que estamos avanzando con muy buena velocidad promedio, se nota el cambio de pala que realizó Fernando, tranquilamente sumamos más de 2 km/h que antes y además parece que su hombro va fenómeno. Parece que su lesión no es debito al remo, ya que esta es una acción con escaso impacto articular, como el ciclismo. Lo que ocurre con frecuencia y me ha sucedido, es hacer fuerzas desmedidas en nuestra vida cotidiana, cargando o transportando pesos en posiciones inusuales, usando músculos fríos o escasamente trabajados, así es como se producen muchas lesiones musculares y de tendones. También en este transcurso, antes que llegue la lluvia, los negros nubarrones están amenazando desde hace rato; probamos la pala Groenlandesa, muy bien terminada, con combinaciones de maderas y cuidados detalles. Evidentemente es muy duro el pasaje de la pala clásica de travesía con cruce de 70°, con Roberto no le encontramos la vuelta, seguramente falta tiempo para ejercitarse en el estilo necesario para sacar de ella el máximo rendimiento. Registramos en esta primera instancia, serios problemas con el goteo, las manos están siempre mojadas y en invierno esto puede ser letal. Cuesta mucho esfuerzo e insume demasiada energía poder palear a 7 u 8 Km/h, este es un problema de costo ? beneficio (economía). Es complicado el apoyo lateral por la escasa superficie, que además presenta caras convexas que no retienen, ni hacen ?cuchara? con los caso, para no adoptarla. A todo esto, se vino el viento sur a pleno y la lluvia, a sacar las capuchas, cortaviento y guantes de windstopper (membrana respirable, suave y elástica que repele el agua), una joya técnica indispensable para mejorar el confort y no ?morir? de frío. Como lo habíamos previsto, la amplitud térmica es de pocos grados, la mínima de 6°C y máxima de 11°C.

Cada hora nos hidratamos y reponemos energéticos sin bajarnos del bote. Sólo nos detenemos para una rápida evacuación fisiológica y seguimos. Cruzamos varias islas y canales, el viento se ha incrementado y la lluvia cae pesadamente, ya estamos cerca de la Juanicó, se ve en el horizonte, bueno, según la data del GPS. A las 14:24 horas, bordeando la isla por la derecha, llegamos al muelle de ingreso en el centro de la costa oeste, hay sólo una pequeña playa de arena para hacer el desembarco. El de hoy ha sido un record en esta travesía, en 3 horas y 49 minutos hemos recorrido 25 km, a poco más de 7 km/h de promedio. Muy bien por la pala de travesía con cruce. Mientras la lluvia sigue y sigue, sin cambiarnos, tomamos la senda de ingreso y caminamos 150 metros, escoltados por añejas coníferas que tapizan la senda con sus piñas y hojas secas aciculares de intenso color anaranjado. Llegamos al edificio de la Escuela N° 84 República Argentina, no hay nadie, obviamente están en receso invernal. Hacemos algunas fotos y regresamos al embarcadero, luego recorreremos la isla, tenemos que armar el campamento y cambiarnos la ropa. Por suerte la lluvia hizo un paréntesis; rápido armamos las carpas, nos cambiamos y almorzamos una sabrosa jardinera potenciada con atún, huevo duro, lentejas y choclos, usando como mesa uno de los motores abandonados en un alto, a la vera del río, una postal de primera. De postre chocolate fino, otro lujo en las islas. Cambiados y listos para la caminata con las Hi-Tec waterproof, nos ponemos en marcha, cruzaremos hasta el canal del lado este de la Juanicó. Pasamos nuevamente por la escuela, cuenta con dos módulos edilicios: dos aulas equipadas con lo básico; comedor con mesas y banquetas de madera; cocina completa; juegos infantiles en el jardín y adecuados sanitarios. La energía eólica es la encargada de cargar las baterías y generar luz eléctrica. Está rodeada del denso bosque autóctono y de varios naranjos, cuyos coloridos frutos se esparcen por el piso, todo está medianamente bien conservado. A los pocos metros, elevada dos metros y algo descuidada en su fachada, se encuentra la casa del maestro o director, en estas instituciones hay personal docente único, más el cocinero/a. Seguimos avanzando por el sendero y pasamos por la supuesta vivienda del cuidador, tampoco hay nadie, parece que todos se han tomado vacaciones, entendemos por lo que hemos escuchado, que nadie vive en forma permanente en la isla. Transitar por aquí es como entrar en el túnel del tiempo, varios galpones plagados de antiguas herramientas en desuso, ganadas por la tierra, la herrumbre y el avance de la vegetación selvática. Disfrutamos el viaje al pasado: tramperas; faroles y estufas destartaladas de combustión; fiambreras con interesantes huecos; rieles para acercar troncos a las oxidadas y rotas si erras de corte; descoloridos tachos de 200 litros por todas partes; botellas varias desparramadas por doquier; un horno de barro de uso reciente; sillas inutilizables; mesas sin patas (la mayoría); prensas atascadas; herrajes varios; pinceles endurecidos; mucha chapa oxidada; poleas trabadas; bancos de madera carpinteros lisiados; motores irreparables; baterías inservibles; tractor ?pata de hierro? Ford-sor al que le faltan piezas. Todo muy desordenado y bastante descuidado, que delata tiempos mejores. Y además, lo que se repite sistemáticamente en cada tinglado : colmenas de madera y los bastidores internos colgados, como esperando ser empleados. Giramos en un claro y no lo podemos creer, una barcaza de 15 metros de largo incrustada en la jungla. Es que a la derecha podemos ver un canal con escasa y estancadas aguas, seguramente por alguna creciente del Uruguay fue arrastrado hasta aquí; recordemos que estas tierras en su gran mayoría son inundables. La barcaza cubierta de resbaloso moho, cuenta con motor, cabina, timón, hasta una bandera argentina en la popa. Hacemos la producción fotográfica de rigor y seguimos. Unos metros más y aparece otro galpón armado con un collage de coloridas chapas que rezan diferentes marcas comerciales, está cerrado con candado. Al lado observamos varias y largas hileras de colmenares colocados a más de 1,5 metros de alturas, seguramente para resguardarlos de posibles crecidas. A cincuenta metros hay otras filas, en este caso cada colmena está protegida con un techito a dos aguas, presumiblemente para protegerlas de loscasi 1400 mm anuales de precipitaciones en la región. No se ve ninguna abeja ni se escucha su característicos zumbidos, no me animo a abrir alguna de las tapas, por la dudas. Con Roberto seguimos la senda que penetra en la espesura, Fernando se ha retrasado un poco seguramente está dando una pitada. Ya parece verse el canal que nos separa del Uruguay, pero, sorpresa? la senda se bifurca, 40 metros a la izquierda vemos un casa de madera: - Hey, mirá el rancho, hay humo? y un perro? huy está habitada? Instante en que vemos movimiento humano, ojalá que no sean hostiles? Nos miramos con el isleño unos segundos, quedamos duros: - Hola? (levantó la mano). - Hola? vengan? Invita amistosamente el local. Esperamos a Fernando, que es la carta local. Nos presentamos y Beto el isleño, nos invita a sentarnos, tiene muchas ganas de conversar. La casa es grande, de madera clavada con prolijo techo de paja densa y el entorno esta ordenado. Le explicamos nuestro derrotero. Beto, de unos 35 años, nos cuenta que ha nacido en las islas y toda su vida ha vivido de la caza, la pesca (posee una lancha pescadora de madera con motor fuera de borda chico) y ahora con el agregado de cría de ganado y recolección de miel, muy valorada por los compradores de la capital. Cada año aumenta la cantidad de colmenas que posee y vende toda la producción, ya que en la llanura la invasiva y nociva soja no les sirve a las abejas, ha desplazado a cosechas históricas, por lo que es necesario buscar otros espacios alternativos y la natural floración de las islas es ideal. Cuenta que ahora es el único habitante permanente de la isla, recientemente mudó a su mujer e hijos al poblado de Colonia Elia (cerca de Puerto Campichuelo), para que sus hijos sigan la escuela secundaria. Nombra a la isla como de su propiedad y que tanto él como sus hijos fueron a la escuela primaria de la isla, que en su mejor momento contaba con 30 estudiantes, pero ahora sólo asisten 4 ó 5. Afirma que las grandes crecidas de los ?80 y ?90, alejaron a la gran mayoría de los isleños, porque no estaban preparados para soportar más de 8 meses (como ocurrió) con el agua en sus casas. Nunca en 50 años habían vivido esta experiencia, perdieron casi todo. Ahora Beto tiene claro este tema y según sus dichos está preparado para afrontarla sin sucumbir en el intento. Agrega que la pesca en este momento esta abundante (hay un par de paties colgados y recién sacados), pero que es preocupante el nivel de contaminación que crece día a día. Tiene muy claro estos conceptos y cómo las extensivas plantaciones de soja deterioran los ecosistemas. Le comentamos del incidente con el prefecto de San Javier y comenta que están cada día más locos, él al parecer tuvo también un fuerte entredicho con estos agentes del poblado. En Nueva Berlín (al otro lado del canal, en la Banda Oriental), no le ha sucedido. Ya son pasadas las 18 horas, la lluvia amenaza continuar, nos despedimos de Beto que nos invita a acampar en su predio en una próxima oportunidad. Saludos cordiales y regresamos al campamento. En el camino la precipitación se incrementa; mis compañeros se tiran a descansar dentro de los iglús. Saco la campera más abrigada y voy a merendar a la escuela, de paso haré valer las comodidades occidentales de un sanitario como el que utilizamos en la civilización. En esta recorrida en busca de soledad, silencio y contemplación, advierto que la ventana del comedor de la escuela no está trabada, se me ocurre una buena idea. Ya que no ha dejado de llover, voy hasta el campamento y le propongo a mis compañeros que podemos cenar en el comedor de la escuela y evitar la molesta lluvia. Nos ponemos en marcha inmediatamente con las cómodas linternas de cabeza. La cena, frugal: sopas varias, queso fresco, fiambres varios, galletas saladas y masitas dulces de postre. De sobremesa, siempre en compañía del aguacero (suerte que en el invierno casi no precipita), organizamos la movida de mañana que será la más extensa en kilometraje, debemos pasar cerca de Botnia, el puente Internacional Fray Bentos ? Gualeguaychú y acampar en Ñandubaizal, exclusivo paradorde arenas muy finas; total 42 kilómetros aproximadamente. Lo que implica, en relación con los promedios que estamos efectuando, que debemos comenzar la remada a más tardar a las 09 horas y levantarnos a las 07 horas; muy bien, hasta mañana, buena suerte con la carpintería (serrucho a full). Antes de acostarme tenso un poco más los vientos de la tienda, por posibles arrestos del viento y la lluvia, esperemos no necesitarlos.

Jornada IV: Juanicó ? Botnia ? Ñandubaizal - Gualeguaychú

Kilometraje extra y exigencia física. Por suerte no lo necesitamos, por la noche paró de precipitar y los materiales están húmedos, pero no mojados. A las siete menos cuarto ya estamos cambiándonos, salimos al exterior ya con las ropas de remar y nos cuesta desconectar el rítmico serrucho del ?Canoso de Camel?? Sin luz natural, con frío (4°C), sólo con las linterna s de cabeza, desarmamos a buen ritmo. A las 08:00 horas hacemos un alto para desayunar, café algo ?barroso? con leche, Kero y pan casero, estamos poniendo todos los hidratos para la extensa jornada. Estibamos los últimos pertrechos y las 08:51 horas ya estamos navegando. Condiciones meteorológicas estables, viento muy suave del sector sur (170°), poca ola, temperatura de 08°C, todo nublado y brumoso. En las dos primeras horas logramos un gran avance, estamos clavando casi 7,5 Km/h de promedio. Nos hidratamos, reponemos y seguimos. Al salir al canal principal nos cruzamos con una añeja embarcación de pasajeros con bandera argentina que corre río arriba, viene de Gualeguaychú, la única que vimos en todo el recorrido, nos saludan y nos hacen señas que nos quedemos del lado argentino, parece que hay movida de Prefectura, a estos milicos les encanta jugar a la guerrita, a los espías, a las intrigas de traficantes e infiltrados... patéticos. Aproximadamente a las 11:03 horas, realizamos una parada para estirar piernas. Media hora más tarde salimos nuevamente al canal principal y nos encontramos con la lejana silueta (aproximadamente a 9 kilómetros) del puente internacional Fray Bentos ? Gualeguaychú y la humeante planta de Botnia, como custodio de piedra, todo un símbolo de estos tiempos. Palada tras palada, con molesto y fresco viento en contra (SE 165°), cielo encapotado y gris, vamos descontando los kilómetros sin poder quitarle la vista a la colosal pastera. Pasamos varias boyas verdes (argentinas) y nos arrimamos al monumental puente, aún cerrado por la comisión permanente de protesta, en más de dos horas sólo vimos dos o tres vehículos que lo cruzaron, seguramente serán los controles militares. Ya con Botnia cerca, pero sin animarnos a cruzar del lado Oriental, hacemos con Roberto una breve producción fotográfica y regresamos al encuentro con Fernando, que nos propone acortar camino a Ñandubaizal por un canal que cruza la laguna interior de la bahía, allí vamos. Muy interesante este cruce en su primera parte, el estrecho y colorido canal, totalmente planchado, está repleto de aves acuáticas: grandes cuervillos de cañada; bandurrias; garzas moras; garzas blancas; egrettas; biguaes; entre otros. Se muestran muy atentas, temerosas y asustadizas ante nuestro paso, seguramente los deben cazar sin piedad, ¿serán los prefectos practicando tiro al blanco?, es que necesitan gatillar algunos cartuchos? Más tarde salimos a aguas abiertas, aún faltan más de 6 km para el Ñandubaizal. Decidimos hacer un alto en la próxima playa que hallemos para almorzar y efectuar las necesidades básicas. En la parada ya llevamos más de 34 kilómetros, en 5 horas y media de marcha . Abrimos unas latas de atún combinadas con pan y queso fresco. La playa está plagada de restos de grandes ostras y almejas de agua dulce, es la primera vez que las vemos en este río, llevaré algunas muestras para ser analizadas por los biólogos que colaboran en nuestros reconocimientos y observaciones. Nos llama la atención el tamaño de los moluscos, más de 12 centímetros, será muy interesante conocer si se trata de una variante del mejillón dorado no autóctono introducido desde china por los barcos cargueros, que actualmente es una peligrosa plaga en los ríos y embalses de la región, puesto que no poseen depredadores naturales, obstruyendo las rejillas y las tomas de agua. Los que hasta el momento habíamos fotografiado y recolectado no superaban los 2 ó 3 centímetros.

Por la acción del viento la sensación térmica es baja, no permanecemos mucho tiempo en el lugar y seguimos viaje, previo acuerdo de llegar ha sta las playas de Ñandubaizal (4 kilómetros) y consultar por al alquiler de una de las cabañas que se ofrecen en el parador, a pesar de que Roberto sigue insistiendo, como lo hizo en todo el trayecto, que debemos ir directamente a Gualeguaychú remontando el río homónimo, lo que implicaría remar otros 20 kilómetros extras. Apenas salgo apunto hacia las playas señaladas, pero mis compañeros comienzan a derivar para el centrode la impresionante cancha central del río, la más extensa, tanto que en varios puntos no se ve la costa uruguaya. Cruzamos frente a las costas del Ñandubaizal y definitivamente estos remeros no cambiarán su rumbo. Han decidido ir hacia la entrada del río Gualeguaychú y remontar, como esto es por mayoría, cambio el rumbo y marco el waypoint de la desembocadura, chau movida ?ñandubaizalera?, una pena ya que podríamos haber conocido un lugar diferente, sabemos que este camping es famoso por la movida juvenil y bailantera; ¿será que mis gustos están cambiando?. Vi ajar desde tan lejos y dejar cosas pendientes creo que es un error, pero acepto lo que decide la mayoría. Además, tampoco visitamos el barco hundido, encallado en un banco de arena en medio de la cancha, sólo pude hacer unas fotografías a la distancia, claro, porque íbamos costeando y el rumbo era otro. Al ingresar en el Gualeguaychú encontramos una serie de filosas rocas semisumergidas que nos cortan el paso, es que han bloqueado esta boca, usan la que está más arriba. Tratamos de encontrar un paso y lo único que logramos es limar los botes contra el áspero tendido; busco por la ribera derecha y por fin podemos pasar sin dañar las embarcaciones, ahora nos queda remar con ritmo y calma, faltan 17 kilómetros para llegar a la ciudad, cuentan las 16:10 horas, según el cálculo del Garmin, llegamos de noche, esperemos encontrar algo ?abierto?. Alos pocos metros pasamos el puesto de la Prefectura Argentina, cuentan con tres potentes embarcaciones (un gomón impresionante), tres uniformados rascándose las vestiduras nos interrogan sobre el derrotero, parecen más sorprendidos que hostiles, lo dejamos a Fernando que de la data y la ?lata?. Luego de la tertulia nos dirigimos a una pequeña playa junto a una barcaza naufragada de un camping de pescadores.

Parada técnica, también empleada para que Fernando llame al Club de Pescadores de Gualeguaychú, para que nos permitan dejar los botes esta noche. Parece que el número es inexistente, no hay caso nadie contesta del otro lado. Justo en ese momento se acerca raudamente una curiosa embarcación, una la ncha toda camuflada, con cabina adelantada y toda la cubierta tapada con lona negra, con un potente fuera de borda, presumiblemente para cargar la tropa, parece la batilancha. El nombre es brutalmente autóctono: "Sabalito I"; como va hacia la ciudad le hacemos señas, detiene su marcha y le preguntamos si conoce a la gente del club, para que los alerte de nuestra llegada: - ? a González lo conozco, pero no llego hasta la ciudad, vamos a otro lugar más cerca? pero si lo veo le comento? Saludos. Impresionante móvil para la guerrita lúdica, es la lancha de control ambiental, que toma muestras del agua y las analiza, parece que hasta el presente no encontraron más que porquerías que tiramos los argentinos, somos la joya de Latinoamérica. Ya el cansancio de la larga jornada empieza a sentirse en los dorsales, lo bueno es que a cada palada falta un poco menos. Rústicas viviendas de pescadores y alguna que otra lancha rompen el equilibrado cristal líquido. Es que en este tramo somos reconfortados por un espectacular atardecer, los postreros rayos del astro se filtran entre la ahora dispersa y entrecortada capa nubosa, el agua alisada del río nos devuelve una pintura natural del cielo. Imperdible espectáculo estético, plagado de matices y fondos que se suceden a cada minuto, imposible no ser seducido a inmortalizar digitalmente el momento. Dos curvas, tres, cuadro, cinco, seis, llega la noche y una larga recta hasta las primeras luces de la costanera, pasamos junto al otrora monumental frigorífico local, un parador de pescadores, ¡cuidado! hay que esquivar cordeles y boyas en la oscuridad. Lentamente la costa se vuelve más poblada, pasamos por un lindo embarcadero con una playa de arena excelente para el desembarco, se ven tres pares de kayaks en la botera y al lado, con vista al río, un monoblock de noveles apartamentos que parecen puestos para nosotros; pero de acuerdo a los cálculos de Fernando aún falta para el Club: - ¿Estás seguro, mira el cartel? Efectivamente estas ideales instalaciones eran precisamente las del Club de Pescadores de Gualeguaychú, no perdemos tiempo y hacemos el desembarco, con tal suerte que justo encontramos a uno de los encargados que se solidariza con la causa y nos consigue habilitar un apart, pudiendo además guardar los botes hasta mañana en lugar seguro y custodiado, ¡no se puede pedir mejor! Muy contentos, llevamos los botes a resguardo y en orden nos damos una merecida ducha caliente, ¡que extraordinario placer!, son goces de la civilización? no podemos romper con tantos años de costumbres metropolitanas. Después de la ducha a reponer proteínas y reflexionar sobre la intensa vivencia de este día, hemos navegado casi 55 kilómetros, en 9 horas 50 minutos en total, lo que sumó 6,2 km/h de promedio, incluidas las paradas. También hacemos un rápido balance de toda la travesía: aún tenemos flora y fauna autóctona, aunque cada vez más escasa; aumenta la contaminación, pero no por Botnia, sino por los argentinos que ponemos muchos carteles de reclamo pero en la práctica, poco y nada hacemos; es importante la tensión que se ha generado entre los ciudadanos de ambos países, conflicto ambiental mediante; nos alegramos con los isleños y su buena onda; se puede navegar muy bien con frío, disfrutar y recorrer sin demasiados problemas, eso sí, con los elementos técnicos específicos; notable como aprovechan las fuerzas militares para jugar a la guerra; hay mucho mas, pero? caemos rendidos ante el esperado relax bajo techo y calefaccionados artificialmente, esperando al siguiente día, sin ningún apuro, a que Inés y Sandra vengan a buscarnos.

HASTA LA PRÓXIMA!
Temperatura máxima en travesía 15° C
Temperatura mínima en travesía 07° C
Temperatura mínima (noche) -04° C
Velocidad Promedio en travesía 6,5 km/h
Velocidad Máxima en travesía 10 km/h
Tiempo total en el río 26 hs 07' 05"
Recorrido aproximado a remo 143 km


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