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        2008/09/14

Los Molinos
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Relato de Eduardo Ibañez - Día 1

QUERIDOS AMIGOS:

Todavía embelesado con nuestro viaje a Colón (ER), quiero agradecer especialmente al Sr. Mediña y a su encantadora esposa por el idílico fin de semana que nos hicieron pasar.

Fernando e Inés son dos anfitriones de primera; todo lo planeado fue óptimo, con el aditamente del cariño y la buena onda que generosamente nos brindaron.

Las cabañas de perfecto diseño, mejor construccion, estupendo equipamiento y privilegiada ubicación (a cuadra y media del río).

Colón tiene un tamaño adecuado, que le permite ofrecer al visitante todos los servicios: restoranes, confiterías, bancos, locutorios, buenos comercios, cybers, supermercaditos, etc.

Conservando al mismo tiempo el encanto de pueblo chico, pero con una sensación de pujanza y prosperidad, que se nota en la calidad del diseño y ejecución de las viviendas, complejos habitacionales y hoteles, típicos de un destino eminentemente turístico. Con el remate de la coqueta plaza San Martín, la majestuosa avenida costanera, y (cual inmenso telón de fondo) el espectacular río Uruguay.

El jueves a la noche, no bien llegamos con Carlos y flía., el Piojo y Walter, luego de abrazarnos con los dueños de casa y Roberto & Co., fuimos a cenar a un restorán especializado en pastas caseras. Donde, como parte de la ornamentación, se exhibía un oso hormiguero embalsamado, de color marrón claro (pienso que no es el gigante), y una carabina Remington similar a las utilizadas en la campaña del desierto.

Luego de lastrar, realizamos una caminata hasta las cabañas y nos retiramos a dormir. Esto, en mi caso particular.

Porque creo haber percibido que en la habitación cerrada, contigua al entrepiso que yo ocupaba, se derarrolló sostenida actividad sexual.

El viernes amaneció con buen sol y bastante viento.

A las 11:00 embarcamos en la playa de arena, dejando los automóviles "in situ". Se había acoplado al grupo, el kayakista local Rodolfo Leyes, con quien ya teníamos amistad virtual, merced a la magia de los foros informáticos.

Excelente remero, casi diplomado en historia, motivo por el cual, le efectué la pregunta que nadie puede contestar a ciencia cierta... "-¿Porqué Urquiza se retiró de Pavón, dejando un campo de batalla favorable y entregando el país al confundido general Mitre?"

Rumbeamos hacia el S (por indicación del anfitrión), con Eólo soplando por la proa y, curiosamente, levantando una ola contracorriente.

Entonces pudimos observar un fenómeno peculiar, porque el viento austral "sube" el río de La Plata, quien "taponea" al río Uruguay. Este, al perder velocidad se comporta como un lago y la onda sigue la dirección del viento.

Al rato cruzamos bajo el puente internacional Colón-Paysandú, y navegamos río abajo (claro que es un decir, porque la ola iba al revés), para luego recalar en una isla de arena, con tupido monte en su interior. Nuestro guía explicó que la mayoría de éstos verdaderos bancos sedimentarios, poseen adentro lagunas cuasi-permanentes, asiento de una avifauna muy variada.

Continuamos luego hacia el S, para ingresar por un riacho de características similares a los canales del delta paranaense. Cambio de escenario, silencio, flora al alcance de la mano, curvas y contracurvas, hasta topar con una especie de puente metálico que nos cortaba el avance. Foto a una yarará, giro a 360º y regreso de nuevo al gran río Uruguay.

Un grupo avanzado formado por los mas novatos, enfiló hacia el N, costeando el regreso. Alguien de los otros dijo: "-Crucemos a Paysandú"... y para allá partió el resto. Separarnos fue un grave error, que podría haber costado caro. Porque ya soplaba viento fuerte, levantando una contra-ola importante.

Llegando a la banda oriental, observé que lejos, hacia el S, navegaba un kayak.

"¿Quién es aquel?" pregunté sin distinguir al tripulante.

"Fulano" contestó alguien con mejor vista "que no quiere cruzar con ola de través, y prefiere alejarse aproando al viento."

Por otra parte, vimos que el contingente avanzado, al vernos buscar la otra orilla, nos imitó y estaban ya a mitad del río.

Fue entonces cuando el kayak rojo se dió vuelta. Pensé que era una joda, porque su tripulante es experto... (pero, explicó después, que trató de no chocar con otro que se le vino encima). Observé como el náufrago trataba infructuosamente de reabordar la nave; la ola era grande y el viento molestaba, por lo que entendí que dificilmente lo lograría. Esos intentos vanos son fatales... desgastan en demasía, desaniman al mas pintado y luego del frío llega inexorablemente el calambre.

"No intentés subir" le grité "dejáme lugar para ubicarme a babor."

Mientras realizaba esa maniobra, observé que Fernando hacía lo propio por estribor. Ambos abrazamos al kayak del medio, formando una balsa, creando una estabilidad tal, que a pesar de la ola permitía subir cómodamente al hombre al agua.

Este ingresó por la popa, arrastrándose de panza; y como el bote poseía timón levantado... dejó de ser tenor, para convertirse en soprano. Una vez a bordo, colocó el cubrecockpit, e introduciendo la bomba por un costado desagotó facilmente el habitáculo.

Como pudimos experimentar, el abandono de la nave en compañía de terceros, es un contratiempo de fácil solución, si el grupo sabe que hacer y actúa en consecuencia. El mismo accidente en solitario, con viento, ola, agua fría y lejos de la costa... puede tener un final menos agradable.

Es lo que expliqué al navegante que se alejó solo hacia el S, sin avisar a nadie, buscando cruzar con ola por la amura.

Si llegás a darte vuelta a lo lejos, ya nadie te vería y quedarías librado a tu propia fortuna.

Indudablemente la consigna de no separarse del grupo, sin aviso previo, debe ser respetada siempre, a rajatabla.

Arribamos a la Banda Oriental con el objeto de desagotar totalmente el kayak rojo y realizar, además, otros menesteres.

Allí, un palista de los novatos, informó a Carlos N. que de ninguna manera cruzaría el gran río de regreso a la costa argentina.

Es que Eólo soplaba fuerte del S, las olas tenían ya cierta velocidad, y el compañero (habitué de aguas planas) se encontraba sumamente nervioso.

-¿Cuánto tiempo suelen durar éstos vientos? -Pregunté a nuestro anfitrión.

-Unas horas... o dos días -contestó Fernando Mediña.

Carlos propuso al atribulado remero cambiar de bote (tipo Yamana) a otro mas estable (clase "510"), y cruzar con viento por la amura, rumbo SW, (es decir en sentido contrario a nuestro destino) pero con la seguridad de atacar la ola, aproados a 45º y en grupo compacto.

Así lo hicimos, sin problemas; para luego enfilar hacia el N y recalar en la arenosa playa de donde partimos, finalizando nuestro primer día de navegación.

Luego de guardar los kayaks visitamos el complejo municipal, ubicado frente al pequeño puerto de ésta encantadora ciudad, donde nos dimos baños termales por espacio de casi una hora.

Entonces, flotando en la piscina de agua caliente, analizamos los errores cometidos (no para auto-recriminarnos, sino para aprovechar la experiencia):

1) Separarnos fue una equivocación. El grupo no debe desmembrarse nunca, salvo que así lo decida con la debida anticipación y planificación prefijada.

2) Además, no dimensionamos en todo su alcance las características de las aguas a navegar, sujeta a las condiciones (técnicas y de equipo) de los participantes.

Relajados, descansados y muy hambrientos nos trasladamos a un restorán, en cuyo local privado nos sirvieron pescado a la parrilla, encargado por Inés y Fernando, que como verán, planificaron hasta del mas mínimo detalle.

Allí nos encontramos con varios integrantes del grupo, recién arribados a Colón:

-Ale, su mujer e hija.

-John y Sabine (ella también kayakista), con sus embarcaciones de madera, construídas artesanalmente por el sub-jefe de la familia.

-Carlos Martínez, esposa y chicos. Emilio el mayor, llamado "hombre foca" por María José, debido a su vestimenta esquimal compuesta de anorak y cubrecockpit integrado.

-Jorge Torres y señora, que venían de Santa Fé de la Vera Cruz.

Verlo al "Chiquito" me produjo esa extraña sensación de conocer personalmente a un amigo virtual de hace mas de cinco años... porque se producen unos minutos de conflicto entre la figura "creada" por nuestra imaginación y la de "carne y hueso" que estamos observando.

Pero además, al contemplar el gigantesco tamaño de semejante cuerpo modelado en el gimnasio, me caí de poto.

-Si te conocía treinta años atrás, hubiera propuesto que fueras boxeador y yo tu manager... ¡así nos salvábamos los dos! -le comenté a las risotadas, mientras nos confundíamos en un abrazo.

Jorge me explicó que con el directo de izquierda sostenido (al mejor estilo Carlos Monzón), evitaba que cualquier púgil (normal) llegara a tocarlo con los puños.

Fue allí que decidí, entonces, no putear jamás a éste simpático individuo.

Sigue con el relato del segundo día


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