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        2008/09/14

Los Molinos
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Relato de Eduardo Ibañez - Día 2

Al día siguiente (sábado) navegamos hacia el N, buscando la costa oriental engalanada con varias islas y bancos de arena.

El día estaba estupendo, no había viento y el sol acariciaba suavemente a la flotilla de amigos que paleaban con entusiasmo. Esta vez el doble SDK Kaikén del profe cordobés, integraba el equipo.

Se acoplaron (con perdón de la palabra) dos remeros locales que compiten junto a Fernando, en carreras de velocidad con kayaks de travesía.

En los pocos minutos que pude mantenerme a su lado, uno de ellos comentó que era crupier del casino de Concepción del Uruguay, la ciudad de Urquiza.

-¡Pues a vos te estoy buscando desde hace cuarenta años! -le dije arrebatadamente.

-¿Para qué? -preguntó con extrañeza.

-Para saber si hay algún modo de ganar a la ruleta -contesté con desparpajo.

-No existe el tan ansiado método -se sonrió-. Y si alguien lo inventara, sería neutralizado con una modificación inmediata de las reglas.

Seguimos nuestro derrotero con buen ritmo y mejor ánimo. Lo que llamó la atención a varios de nosotros, fue que el "Río de los Pájaros" no tuviese una avifauna acorde con su pintoresco nombre.

Remaba agitadamente, en la punta del pelotón. Cuando de repente se me adelantó raudo, silencioso y cortando el agua sin resistencia, un kayak verde tripulado por cierto gigante de largos brazos y remo acorde a sus extremidades superiores.

"Chiquito" parecía salido de un video para enseñar a palear: brazos extendidos, remada alta clavando la cuchara adelante (perpendicular al agua), la tracción realizada con el torso, paralela al eje longitudinal e iniciando el recupero al llegar el puño a la cadera. Estilo acompasado, sin hacer ruido, salpicar, ni presentar signos de fatiga o fastidio.

Confieso que lo observé con admiración y asombro.

Porque Jorge Torres afrontó hace poco un delicado problema de salud y luego de superalo, demostró una irrevocable voluntad de Vivir.

Así con mayúsculas... para indicar la diferencia respecto del simple hecho de meramente existir.

Representando la determinación de involucrarse nuevamente.

De preferir disfrutar lo que viene, sin añorar lo que fué.

Buscando ser otra vez protagonista, en vez de convertirse en anonadado espectador.

Y adecuarse con prudencia y sapiencia, para poder seguir haciendo lo que realmente le apasiona hacer.

Todo ello con alegría y auténtico testimonio de que vale la pena continuar, pero también... demostrando una irrenunciable vocación de enseñar a los demás.

Eso, en mis pagos se llama: "huevos bien puestos".

Y quienes así los tienen, reciben mi mas profunda consideración y respeto.

Seguimos navegando, con algunas paradas para hidratarnos, sacar fotografías o reagruparnos.

Hasta llegar a unos bancos de arena longitudinales, donde buscando reparo del viento que ya soplaba, desembarcamos para almorzar.

Estábamos en la República Oriental del Uruguay, nación limítrofe que debería haber sido provincia federal argentina... de no ser por las repetidas traiciones y desaires que, desde el Triunvirato en adelante, le hicieran al patriota charrúa Don José Gervasio Artigas.

(Que lástima que ésta vez no fue de la partida Rodolfo Leyes, para que nos platicara del tema.)

Después de comer y charlar al sol, emprendimos el regreso.

El viento en contra exigía la remada, pero Febo nos acariciaba cariñosamente haciéndo muy placentera nuestra navegación.

Me gusta andar a caballo, ganar al Black Jack, las mujeres con buenas lolas, la poesía española... ¡y el kayakismo de travesía, carajo!

Media hora después arribamos a un albardón socavado por el agua; en donde quedaban a la vista, como colgadas en el aire, las raíces de gigantescos eucaliptus (o por lo menos gran parte de ellas).

Alejandro desembarcó y pidió le sacaran una foto, para dar referencia de escala a tan curioso fenómeno de la naturaleza.

Luego cruzamos a la banda argentina y visitamos una fábrica abandonada, que posee una especie de puerto techado, al que se ingresa navegando a través de un pórtico.

Al fondo observamos una plataforma con una escalera que comunicaba al interior.

Fernando explicó que se desconocía el uso dado a tan curiosa construcción, pero que sospechaba que allí se realizaban (en épocas pretéritas) descargas de mercadería traídas desde la otra orilla, ente "gallos y medianoche".

Regresamos a Colón, cargamos los kayaks y partimos a las Termas de San José donde, en las piletas al aire libre (las de mayor temperatura del agua), esperamos durante sesenta minutos, la llegada del horario de la cena.

A la noche, en quincho alquilado casi frente al río, lechón y pollo provisto por Fernando, vino del bueno y muchas ganas de manducar, libar y parlotear.

Enseguida llegaron los kayakistas de Concepción, que al día siguiente navegarían hacia el N.

Entre ellos Pedro Acuña (quién hace tres años escribó un e-mail que me impresionó mucho).

El dijo: "Quiero dedicarme al kayakismo, mejorar mi remada, progresar en mi estilo y hacer travesías por muchos años. Para todo ésto, sólo le pido a Dios que me de el tiempo necesario, lo demás... corre por mi cuenta."

También Ronald Maier, jóven médico brasilero-argentinizado, residente en Puiggari, en el pre-delta entrerriano.

Rodolfo Leyes y su simpática novia, que se integró al grupo como una remera mas.

Y la sorpresa de la noche: Adriana "Peperina", quizás la mejor alumna que tuviera Carlos Nieto, una de las participantes de la travesía (nunca repetida) "El Mistolar-costa de Morteros", mas de 90 Km. E-O por aguas de Ansenuza, durante una noche sin luna.

Un fin de semana a puro kayak, buenos amigos, termas espectaculares, sabrosa comida, excelente tiempo, alojamiento de primera, anfitriones únicos... ¿que mas se puede pedir?

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Sí, ya sé. ¡Pero tampoco se debe pretender todo! ¿No?

Les mando un abrazo.
Eduardo Ibáñez


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